Herramientas y conocimiento

Hay en estos momentos una cierta fascinación por las herramientas que las tecnologías de la información y la comunicación nos ofrecen sin pensar seriamente en los conceptos y la planificación que debe estar detrás de su uso.

El Big Data, la monitorización de las redes sociales, el CRM, el neuromarketing… Hay una inflación del uso de conceptos por el simple efecto de usar palabras nuevas y herramientas que son en sí mismo una maravillosa promesa.

En efecto, estas herramientas nos ofrecen valiosa información sobre nuestros clientes y el mercado en que vamos a desarrollar nuestra actividad empresarial. Pero no se deben confundir los medios con los fines.

Sirven a un propósito: conocer más y mejor a nuestros clientes actuales y potenciales para realizar la oferta adecuada en el momento oportuno a la persona para la que es relevante esa información.

Ese propósito requiere en primer lugar de conocer muy bien los objetivos y la dinámica de funcionamiento de la empresa y el mercado en el que opera. También es imprescindible una estrategia clara. Toda la información que se puede conseguir con las nuevas herramientas debe servir a un propósito: satisfacer al cliente.

Podemos conocer sus gustos, sus inquietudes, su comportamiento de compra y de navegación, sus comentarios en las redes sociales. Pero ¿Para qué vamos a usar todo esto?

Una vez que sepamos el objetivo, podemos seleccionar la información y el grupo de clientes al que vamos a dirigirnos, con qué herramientas de comunicación y qué oferta le vamos a realizar.

El resto, es en muchos casos un uso ineficaz de recursos económicos y de tiempo. Los datos son relevantes o no para nuestros objetivos de negocio. Luego no son necesarias todas las herramientas siempre ni todos los datos.

De ahí que en ocasiones se hable de Big Data con mucha ligereza. Necesitamos analizar los datos que son relevantes. El resto es ruido, no ayuda a conocer mejor lo que quieren y necesitan nuestros clientes.

En otros aspectos profesionales en los que realizado tareas a lo largo de mi vida siempre me han insistido en la necesidad de volver a los clásicos. A aquello que es la base técnica de nuestro trabajo. No para quedarnos en el pasado sino para tener claro el andamiaje conceptual de nuestra tarea.

La psicología del comportamiento del consumidor, las técnicas de investigación de mercado, la estadística o el marketing tienen herramientas nuevas pero conceptos que deben conocerse antes que cualquier otra cosa.

Las herramientas del siglo XXI nos ofrecen fórmulas para optimizar esfuerzos pero los conocimientos técnicos que estén detrás deben ser sólidos. De lo contrario nos quedaremos mirando el dedo que señala al cielo. Es una de las ideas centrales del proyecto que pretendo emprender. Las fuentes teóricas y las estrategias deben estar bien armadas. Las herramientas permiten tener más datos, de mejor calidad y en menos tiempo o entender y localizar mejor las motivaciones y las respuestas del sistema cognitivo de las personas a las que nos dirigimos. Pero antes que nada está el conocimiento que permite saber qué hacer con ellas. Estoy seguro de que un martillo y un cincel son una maravillosa herramienta en manos de Miguel Ángel. Él sabía que trozos de mármol sobraban para que surgiera su David. Lo mismo ocurre con los datos o la comunicación.

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1 comentario

  • Bienvenida
    Bienvenida Jueves, 28 Enero 2016 21:04 Enlace al Comentario

    Excelente muy acertado este tema en estos tiempos de fiebre de lenguaje digital, que muy pocos manejan como lo sabe hacer Agustín. Un genio!!

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